Posteado por: Victor Javier Chumpitaz Huapaya | J f, 09

La Revolucion Neolítica

LA REVOLUCIÓN NEOLÍTICA

     Cuando se estudia la Revolución Neolítica nos referimos al proceso que cambiará los sistemas de caza y recolección de alimento silvestres que imperaron gran parte de la prehistoria, para pasar a dominar la reproducción de cierto tipo de animales y plantas (domesticación). El Neolítico es un proceso lento que es la suma de los cambios acaecidos en este período. El conjunto de cambios que se dan en este período es lo que Childe denomina “Revolución Neolítica”. Los autores se centran en explicar que el proceso tiene dos vertientes claras, la biológica (domesticación) y la económica (sistemas de gestión).

     “La primera revolución que transforma la economía humana dio al hombre el control sobre su propio abastecimiento de alimentos. El hombre cómenos a sembrar, a cultivar y a mejorar por selección algunas yerbas, raíces y arbustos comestibles. Y también, logró domesticar y unir firmemente a su persona ciertas especies de animales.” ([1])

     Con la aparición de la agricultura y la ganadería entramos en la segunda etapa de la edad de piedra: el neolítico. Las primeras manifestaciones neolíticas propiamente dichas aparecen en Palestina a partir del año 8600. Los nuevos descubrimientos fueron divulgándose lentamente, junto con otras innovaciones. En el año 8000 se descubrió la cerámica en el Sahara y en Siria independientemente. Las vasijas de barro fueron prácticos sustitutos de los pesados recipientes de piedra. No obstante, el labrado de la piedra también se perfeccionó. De hecho, la denominación paleolítico / neolítico marca el tránsito de la piedra tallada a la piedra pulimentada, si bien, como ya queda dicho, no es ésta la diferencia más significativa entre ambas culturas, sino la aparición de la agricultura y la ganadería.

     Hacia el 7500 se empezó a cultivar el trigo en Jericó, y se domesticaron el cerdo y la cabra. Por esta época la agricultura y la ganadería llegaron a la Alta Mesopotamia (esto es, a su parte norte, la más alejada del mar). Palestina continuaba a la cabeza de la civilización: Hacia el año 7000, las viejas cabañas circulares habían sido sustituidas por casas de planta rectangular, subdivididas en habitaciones y con las paredes y el suelo cubiertos de arcilla. Sus pobladores enterraban a los difuntos bajo sus casas, esto indica un complejo ceremonial religioso.

     En general, las culturas agrícolas desarrollaron una religión más compleja y sofisticada que los pueblos nómadas. Los nómadas llevaban una vida “relativamente” cómoda. Se sentían capaces de dominar su entorno. Eran gente ruda y fuerte. A menudo efectuaban provechosas incursiones en aldeas de agricultores indefensos, con el único propósito de expandir su frontera de explotación agrícola y también ganadera.

     Los agricultores estaban rodeados de eventos que escapaban a su control. Su nivel de vida dependía de que lloviera en el momento oportuno, de que no hubiera tormentas devastadoras, de que las cosechas fueran buenas, de que los ríos trajesen agua suficiente pero no excesiva, etc. Conocían las diferentes estaciones del año y las vinculaban con los cambios de posición del Sol y las estrellas en la bóveda celeste. Así, el agricultor aprendió a rezar ante la adversidad. La superstición se extendió rápidamente entre los pueblos agrícolas, y surgieron toda clase de ritos para mantener propicios a los dioses de la lluvia y de los ríos, y al Sol, etc. En torno a estas creencias no tardan en surgir sacerdotes especializados en velar por que los dioses estuvieran satisfechos con el pueblo. Los sacerdotes tienen fama de sabios y a menudo son objeto de innumerables preguntas de todo tipo, para las que siempre tienen alguna respuesta basada en historias sobre tal o cual dios. Así, cada pueblo fue creando su mitología, más o menos rica según la imaginación de sus gentes, y en consonancia con el grado de sofisticación de cada sociedad.

     Durante el VII milenio la densidad de población aumento notablemente. Se domesticó nuevos animales, como el buey. La agricultura se extendió por la península de Anatolia (Turquía). Hacia el año 6500 encontramos una agrupación de pueblos de cerca de 6.000 habitantes, con casas y santuarios de ladrillo crudo y frescos de divinidades femeninas y toros. A finales del milenio aprendieron a fundir el cobre para fabricar adornos, puntas de lanza y objetos diversos, pero el metal era escaso y el descubrimiento no tuvo muchas repercusiones.

     Por esta época empieza a aparecer también la agricultura en algunas zonas del actual México y tiempo después en Perú.

     Los agricultores podían cosechar más de lo que necesitaban consumir, lo que propició que algunos hombres optaran por especializarse en producir otro tipo de bienes que canjear a los agricultores por sus sobrantes. Así, tras la cerámica surgió la cestería y luego la elaboración de tejidos. Se formó una importante aldea en donde después estaría la ciudad de Ur. Allí surgió una comunidad de comerciantes que llegaron a recorrer por mar las costas de Arabia. Su emplazamiento está actualmente lejos del mar, pero entonces la costa llegaba hasta sus inmediaciones. Hay constancia de que durante un cierto periodo la aldea fue completamente inundada por el mar. Es posible que este suceso fuera el origen de una leyenda que pervivió durante milenios en la zona sobre un “diluvio universal”, que supuestamente había inundado la totalidad de la Tierra. El mapa muestra otras aldeas fundadas en esta época que con el tiempo se convertirían en ciudades importantes. Al norte de la media luna fértil, cerca del nacimiento del Tigris, se fundó Nínive, que miles de años después sería la capital de un poderoso imperio.

     La aparición del mayor excedente en la producción agrícola propicio por lo tanto la aceleración de las diferencias sociales, la sociedad se fue cada vez más compleja. El desarrollo trajo consigo el surgimiento de nuevas agrupaciones surgiendo los estados teocráticos dirigidos por una clase administradora que por medio de la religión mantenía su poder.

     “La revolución neolítica (preferiríamos llamarla revolución agropecuaria para destacar el significado que tuvieron en todo el mundo la agricultura y la domesticación de animales) es la transformación más trascendental de las formas de vida social que se han producido en la historia humana. Pero la revolución agropecuaria no fue sólo un acontecimiento sino más bien la culminación de un variado proceso a través del cual el hombre desplegó toda su inventiva, su observación y un formidable esfuerzo para adecuarse y modificar el medio ambiente y así desarrollar sus posibilidades de creación. De este modo echó las bases de la civilización” ([2])

     En líneas finales, la revolución neolítica fue un fenómeno mundial, un proceso que cambio  las instituciones sociales y las ideas mágico religiosas de los recolectores de alimentos y de los cazadores, que se desarrolló de manera independiente en distintas áreas del planeta. Cada área desarrollo técnicas que respondían a los desafíos que habían en su entorno, y con ello el hombre asimiló y perfecciono nuevas tecnologías. La revolución neolítica trae consigo la  fabricación de objetos de alfarería, prendas de vestir, etc, pero esto tiene un trasfondo mucho más especial, en esta etapa se puede observar los primeros pasos que se presentan en la sociedad para la especialización del trabajo, aunque hay que precisar que a lo sumo existía una división de trabajo entre sexos y de edades.

BIBLIOGRAFÍA

  1. Gordon Childe. Los orígenes de la civilización. Fondo de Cultura Económica. Tercera edición en español. México. 1965
  2. Carl Grimberg. Historia Universal: El alba de la civilización. Tomo I. Sociedad Comercial y Editora Santiago Ltda. Chile. 1987
  3. SILVA SANTIESTEVAN, Fernando. Desarrollo político en las sociedades de la civilización andina. Universidad de Lima Fondo de Desarrollo Editorial. Lima Perú. 1997
  4. VV.AA. Atlas de la Historia Universal. Editorial Lord Cochrne S.A.. Chile. 1994
  5. VV.AA. Historia Universal: Prehistoria y las primeras civilizaciones. Tomo I. Empresa editora El Comercio. Lima Perú. 2002
  6. VV.AA. Historia Universal: Los orígenes. Tomo I. Orbis Ventures S.A.C.. Lima Perú. 2005

 


(1)     GORDON CHILDE. Los orígenes de la civilización. Fondo de Cultura Económica. Tercera edición en español. México. 1965. p. 86

 (2) SILVA SANTIESTEVAN, Fernando. Desarrollo político en las sociedades de la civilización andina. Universidad de Lima Fondo de Desarrollo Editorial. Lima Perú. 1997. p 39

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